¡Cuando venga tu padre, verás!

enfados de ma-padres

Cuando era pequeño, en mi casa eso no se estilaba y ahora que soy mayor, sigue sin estilarse. Así de simple.

Me explico. No era mi padre el que me reñía si hacia trastadas, era mi madre. Ella fue la que desarrolló el arte de lanzar la zapatilla de andar por casa a distancia pre-olímpica. Afortunadamente, yo sabía esquivar dicho objeto.

Mi padre sencillamente no estaba... o a veces sí, vamos, como la pelusilla. Así que eso de "cuando venga tu padre, verás..." nain. Nien. Nasti.

No es un dicho al uso, es una verdad como un templo, aunque seguramente te suene de algo... quizás tú si que lo escuchaste en tu casa, quizás no pero a alguien de tu barrio, a los papis del amigo de tu hijo... a saber.

Pues a mi me chirría. Y mucho. Tanto como esa imagen de la zapatilla voladora, la del cinto de cuero desplegándose, o dejar que tu nan@ campe a sus anchas (ambos extremos, altamente negativos).

Los más conservadores, los de "un buen cachete a veces, hace maravillas" deberían contenerse. Está claro que, como seres humanos, ante una sobredosis de gritos, lloros y más gritos en clave tenorsopranoalto hasta el más pintao puede perder los estribos.

Pero para eso eres madre o padre y tienes esa capacidad innata hacia los tuyos, por ello, debes respirar hondo contar hasta 10 y mandar a la mierdum ese enfado, ese cabreo contenido... que lo que tienes delante de ti es lo más grande que la vida te ha dado, más que tú mism@ y tu deber, obligación y derecho es cuidarle/s como si fuera -que lo és- una extensión (en el buen sentido) de ti mism@.

"No te creas eso de que 'un buen cachete a veces, hace maravillas'. No funciona"

Click to Tweet

En este momento espero que no aparezca algún lumbreras diciendo que ha leído nosequé libro donde dicen que lo que hay que hacer es dejar a los bebés que lloren hasta que se cansen. What?

Y voy y te acollejo, por creértelo. Vamos a ver, ¿acaso tu bebé puede decirte dónde le duele, si tiene hambre o si quiere que le abraces? No. Su única manera de hacértelo saber, es llorando.

No tiene otra. Exacto.

Si no le haces ni puñetero caso, ya te digo, que bien no le estás haciendo de cara a su futuro. Ahora coge ese libro y hazte un favor: ahorra pasta en papel higiénico.

Lloro + Grito de Tarzán...

Después de esa etapa de llantos, gritos y representaciones a lo Heavy Metal, tu bebé ya es niñ@. Las trastadas se suceden, y tú intentas seguir su ritmo, vas detrás todo el rato y así pasan los meses e incluso años. (por avanzar y resumir)

Llegan los castigos. ¡Glups! "¡Te he dicho que...!", "¿Pero no te había dicho que...?", y le sigue "¡Cuando venga tu padre verás...!" ¡ZAS! en toda la cara (sí, lo sé, Sheldon dice otra cosa, pero lo cambio por tema de derechos de autor...)

Ahora amig@ mi@, piensas la chorrada que acabas de decir, ante la cara atónita de tu pequeñ@, claro.

¿Y por qué tiene que ser papá?, ¿por qué no "Cómo vaya para allá yo misma, ahora mismo, verás"?, ¿por qué hay que meter miedo mediante la figura de un padre castigador? Y por supuesto, no digo que sea correcto que la madre asuma tampoco dicho rol.

Vayamos por partes. Todo lo que se dice delante de un niño puede ser sustituible. Las amenazas y los insultos a un menor -dejando de lado que puede ser hasta delito- solo sirven para crear un mal clima en el entorno del menor para que reaccione al miedo (de forma sumisa o todo lo contrario) y en definitiva, no tiene nada de positivo de cara al desarrollo de ese menor como persona adulta que será algún día.

También es cierto, que "negociar" con una personita de 3 años es complicado. Si bien la corriente hippyflower suele basarse en palabras bonitas y dejar hacer a los peques, -a sus anchas- siempre deben existir sí o también, ciertos límites.

Educar no es solo permitir, es guiar. Aunque a veces nos duela -metafóricamente hablando- ante la cara de gato de Shrek que pueda poner tu cachorrill@.

No se trata de ser blandos o duros, se trata de ser ma-padres con sentido común y sabiendo poner límites dentro del respeto a uno mismo, y como progenitores.  

"Educar no es solo permitir, es guiar. [Más en: Happinens.com]"

Click to Tweet

En conclusión

Las amenazas como tal (que no advertencias) no funcionan. Mi master doble en experiencia paterna lo avala. Créeme.

Las advertencias desde un punto de vista neutro (casi castigador, pero sin llegar a serlo) funcionan mejor. Hablar, también, pero ten en cuenta (te digan lo que te digan o te vendan lo que te quieran vender, si te dejas) que se trata de niñ@s y no de adultos con personalidad propia creada -se presupone- así que tienes que medir lo que dices, lo que haces, y lo que transmites.

Son auténticas esponjas vivientes. Así que, debes convertirte en un/a negociador/a de nivel pro.

En lugar de decir "cuando venga papá... o cuando venga mamá... ¡te vas a enterar!" es una buena idea plantearle a tu peque preguntas tipo "¿por qué has hecho eso? , ¿te has sentido bien haciendo [lo que haya sido]?, o sabes que eso no está bien, ¿verdad?"

Después prueba a hablar con él/ella y muéstrale con ejemplos -utilizar sus personajes favoritos, peluches o juguetes actuando correctamente, funciona muy bien- que lo que ha hecho no es correcto y como sería la forma correcta de actuar, etc.

A veces -muchas- las cosas sencillas obran grandes y positivos resultados. Ya me contarás. Si quieres 😉

HAPPIMAMI+HAPPIPAPI= HAPPINENS.

Ma-padres felices, niños felices.

Miguel Aguado · Happinens.com · MiguelAguado.info

Soy Coach personal y de negocios, ayudo a emprendedores a crear y vivir de su negocio digital y a unir su desarrollo personal y profesional. La versión masculina de Happinens.com

2 comentarios

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo. Me crié con los viejos métodos en los que incluso si llorabas sin razón aparente te decían que o callabas o te ‘daban motivos para llorar de verdad’. La adulta que soy entiende que lo hicieron lo mejor que supieron, con su mejor intención y estoy agradecida por ello. Quizás yo no lo habría hecho mucho mejor.

    Pero la niña que fui lo único que entendió fue que si estás mal o pataleas por algo alguien vendrá a darte razones para estar peor o que por miedo… es mejor que ni se te oiga..

    Creo que es mejor la opción que ofreces de hacerle al razonar al niño. A mí me habría encantado que alguien me hubiera ayudado a razonar qué hago o porqué lo hago… habría sido más instructivo para mi mente curiosa de aquellos años.

    Saludos y feliz día 😉

    1. Efectivamente, “nos hemos criado” con esa creencia, y a veces, es todo un ejercicio de control (y superación) evitar volver a repetir esos mismos roles ahora que somos nosotros los adultos y asumimos el papel que asumian nuestros padres. Yo a veces peco/pecaba de ello y cada vez que miro a mis enanos pienso “Soooo…. no seas igual de burrete” en el buen sentido (o no) 😉

      Gracias por comentar Ana.

      Un fuerte abrazo.

Deja un comentario